miércoles, 23 de octubre de 2019

Trastorno de Identidad Disociativo
L
os trastornos disociativos consisten en una alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno.
Experiencias que normalmente se experimentan como una situación continua e integrada dentro de los procesos mentales, se aíslan de ellos alterando el sentimiento de continuidad de sí mismo y el recuerdo de hechos de la vida, y originando una serie de fenómenos clínicos y conductuales con alteración de la memoria e identidad. Los trastornos disociativos son más una alteración de la organización o estructura mental, que de los contenidos en sí, es decir, se trata de una incapacidad para integrar o asociar unos contenidos, no de una alteración de los mismos.
El fenómeno disociativo trata, como un mecanismo defensivo parecido a la represión, de mantener determinada información lejos de la conciencia, almacenándose la información disociada de un modo directo, no transformado y recuperándose (al contrario de lo que ocurre en la represión con los sueños) de la misma forma; comprende un periodo de tiempo, y se desencadena como defensa después de algún episodio psicotraumático. El trastorno de identidad disociativo, denominado Trastorno de personalidad múltiple por CIE 10, se caracteriza por la presencia de uno o más estados de identidad o personalidad, que controlan el comportamiento del individuo de modo recurrente, junto a una incapacidad para recordar información.

En dicho trastorno se quiebra la característica de identidad de la personalidad que hace que nos sintamos siempre el mismo; aparecen dos o más personalidades alternativamente, con o sin conexión entre ellas, y con amnesia recíproca, ignorando cada personalidad a la otra (personalidad alternante).
Cada vez se manifiesta una de las personalidades con sus características específicas. La existencia de una memoria explícita o episódica que implica el recuerdo de las experiencias personales identificadas con uno mismo, y una memoria implícita o semántica en relación con la ejecución de actividades rutinarias (automáticas), explica que se pueda actuar de un modo automático, desprovisto de la autoidentificación explícita.
Características clínicas
La característica esencial de los trastornos disociativos es la perturbación de la usual integración de funciones de la consciencia, memoria, identidad y percepción. El trastorno puede ocurrir de forma súbita o gradual, transitoria o crónica.
La amnesia disociativa se caracteriza por una incapacidad para recordar información personal importante, generalmente de naturaleza traumática o estresante. Es tan predominante que no se puede explicar como un olvido ordinario. Esta amnesia puede ser de cinco tipos:
Localizada: de un periodo específico de tiempo.
Selectiva: de un evento específico en un periodo de tiempo determinado.
Generalizada: de toda la vida.
Continua: de eventos subsecuentes a un momento específico, incluyendo el presente.
Sistematizada: de ciertas categorías de información.
El trastorno de identidad disociativo constituye la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad diferentes que toman el control dela conducta del individuo de manera recurrente y alterna, con la incapacidad para recordar información personal relevante que no puede ser explicada como un olvido ordinario. Es más bien una fragmentación de la identidad que la proliferación de identidades separadas. 
Diagnostico
El DSM IV especifica los siguientes criterios para el diagnóstico de Trastorno de identidad disociativo:
ü  Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).
ü  Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
ü  Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
ü  El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).
Síntomas
La cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) define el TID como «la presencia de dos o más identidades –raras veces más de diez- que toman el control de la conducta de una persona de forma recurrente, teniendo cada una de ellas recuerdos, relaciones y actitudes propios». En general, las distintas identidades no recuerdan lo experimentado por el resto, por lo cual no son conscientes de su existencia, si bien esto no siempre es así. El cambio entre personalidades suele producirse como consecuencia de estrés.
La personalidad primaria (o la “real”) tiende a ser pasiva y depresiva, mientras que el resto son más dominantes y hostiles. Son las identidades más pasivas las que manifiestan amnesia en mayor medida y, en caso de que sean conscientes de la existencia de las personalidades más dominantes, pueden ser dirigidas por estas, que incluso pueden manifestarse en forma de alucinaciones visuales o auditivas, dando órdenes a las demás identidades.
En la actualidad, tanto en el DSM como en la Clasificación internacional de enfermedades (CIE-10), el TID se categoriza dentro de los trastornos disociativos, es decir, aquellos que se producen por fallos en la integración de la conciencia, la percepción, el movimiento, la memoria o la identidad (en el caso de la personalidad múltiple, la desintegración se daría en todos estos aspectos) como consecuencia directa de traumas psicológicos.
Causas
Los trastornos disociativos suelen manifestarse como una manera de afrontar los traumas. La mayoría de las veces, los trastornos se presentan en niños sometidos a maltrato emocional, abuso sexual o maltrato físico durante un largo tiempo, o bien, con menor frecuencia, a un entorno doméstico aterrador o muy impredecible. El estrés de una guerra o una catástrofe natural pueden generar trastornos disociativos.
La identidad personal aún está en formación durante la infancia. Por eso, un niño tiene una capacidad mayor que un adulto de despegarse de sí mismo y observar el trauma como si le estuviera pasando a otra persona. Un niño que aprende a disociar para superar una experiencia traumática puede usar ese mecanismo de superación como respuesta a situaciones estresantes en su vida.

Factores de riesgo
Las personas que padecen maltrato físico, sexual o emocional en la infancia durante mucho tiempo corren mayor riesgo de manifestar trastornos disociativos.
Los niños y los adultos que pasan por otros sucesos traumáticos, como guerras, desastres naturales, secuestros, torturas o procedimientos médicos prolongados y traumatizantes en la niñez, también pueden tener estos trastornos.
Complicaciones
Las personas con trastornos disociativos presentan un mayor riesgo de tener complicaciones y trastornos asociados, tales como:
Autolesiones o mutilaciones
Pensamientos y comportamiento suicidas
Disfunción sexual
Trastornos por alcoholismo y abuso de drogas
Depresión y trastornos de ansiedad
Trastorno por estrés postraumático
Trastornos de la personalidad
Trastornos del sueño, como pesadillas, insomnio y sonambulismo
Trastornos de la alimentación
Síntomas físicos, como aturdimiento o convulsiones no epilépticas
Dificultades considerables en las relaciones personales y en el trabajo.
Tratamiento
Lo primero que se debe hacer es interactuar con el paciente, pueden pasar días, semanas, e incluso meses sin que el terapeuta detecte un cambio radical con el paciente sintiendo una vaga y benigna transferencia positiva que le causa la personalidad que le pidió ayuda, el terapeuta debe comprender que esta va a ser una relación reparadora para ambas personas, debe dejar en claro al paciente que es alguien diferente al abusador. Es importante una disposición anímica más cálida y expresiva que con otros pacientes, y al mismo tiempo un cumplimiento meticuloso de los limites. Lo más importante que el terapeuta debe tomar en cuenta, es que trabajar con este grupo de pacientes implica una gran demanda emocional y, por este motivo, el terapeuta debe tener un profundo autoconocimiento y trabajar apoyándose en una buena supervisión y en otros compañeros de profesión. Las únicas maneras de tratar esta enfermedad son terapias y sesiones de hipnosis


Casos documentados sobresalientes
El primer caso conocido:  
Eberhard Gmelin fue el primero en describirlo en 1791 cuando tratando a una joven alemana de unos veinte años, ésta empezó a hablar un francés perfecto e incluso su alemán adquirió un acento afrancesado. Su nuevo yo conocía la existencia de su yo original, es decir, cuando se encontraba dentro de la personalidad francesa, mantenía los recuerdos de su personalidad original. Aunque su yo original no era consciente de su personalidad nueva. El médico afirmaba que la joven asumía una personalidad u otra con un simple movimiento de manos. Durante los 150 años posteriores se documentaron más de 100 casos clínicos. Se creía que se originaba por el maltrato durante la infancia y que podía curarse volviendo a integrar las personalidades secundarias en la principal.
El caso de Mary Reynolds:
Samuel Lotham Mitchell documentó este caso, el cual es considerado actualmente el primer caso seriamente comentado en la literatura médica. Mary nació en Inglaterra para trasladarse posteriormente a los Estados Unidos.

Mary pasó por estado de ceguera y sordera transitoria. Cuando “despertó” tenía una
personalidad totalmente diferente: antes había sido una chica melancólica, triste, introvertida y solitaria, después pasó a ser extrovertida, bromista y vivaz. No conservaba ninguna memoria anterior; no recordaba leer, escribir ni a su familia. Después de un período de 20 horas de sueño, su personalidad primaria volvió a Mary, aunque no recordaba nada de lo sucedido. Las personalidades se fueron alternando durante más de 15 años. Después de los 30 años de Mary, la personalidad secundaria (que ya había aprendido lo suficiente), fue la que quedó conviviendo con ella para el resto de su vida.


 Video:



PREGUNTAS:
  1. ¿El comienzo de esta patología es mayor a qué edad?
  2. ¿Crees que la sociedad está informada acerca de esta enfermedad mental?
  3. ¿Cuál crees que es el impacto de los familiares que acompañan a su paciente con este tipo de patología?

4 comentarios:

  1. 1- una de ellas puede ser que los niños crezcan solos y no tengan ninguna protección del mundo a tan pequeña edad

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  2. Muy interesante la información, respondiendo a la pregunta 3 opino que les ha de parecer extraño observar esta patología en sus pacientes cercanos y al principio no tiene el conocimiento sobre la enfermedad.

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  3. 2. Definitivamente la sociedad está informada acerca de las enfermedades que el mundo revela. Sin embargo, en el caso del trastorno disociativo de la personalidad; la población o sociedad tiene muy poca información. Y a esto se le atribuyen muchos factores, uno de ellos el la rareza de esta patología; lo que hace que las personas sean más vulnerables y carezcan de información no soló teórica, si no también preventiva y el tratamiento que esta requiere.

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